viernes, 23 de marzo de 2018

“Conocer el pasado para resolver la crisis teórica presente”: La necesidad de estudiar la historia del pensamiento económico



“No hay presente sin pasado”: cuánta verdad se esconde bajo esta frase. En la vida hay momentos que constituyen una revelación pues basta una sola mirada para comprender que en algunas situaciones las sospechas son fundadas.

La enseñanza de la Economía debería comenzar con la profundización en la materia “Historia del Pensamiento Económico”. Lamentablemente se suelen desdeñar las cuestiones históricas por poner en supremacía la economía cuantitativa. A consecuencia de ello, como señala Urbina (2015), se “monopoliza la enseñanza de lo que restrictivamente se ha llamado ´teoría económica´ en casi todas las facultades de economía del mundo” (p. 10). A este respecto, cabe citar la reveladora anécdota que refiere Ravier (2012): cuando un alumno le preguntó al profesor Gregory Mankiw sobre el libro La Acción Humana de Ludwig von Mises, él amenamente respondió “No lo he leído” y ofreció la siguiente justificación: “En Economía se asume que cualquier cosa escrita hace más de 20 o 30 años es irrelevante”. Que esto venga de un economista sumamente famoso es motivo de grave preocupación y explicaremos por qué.

Se comprende que (en el mundo académico es cosa admitida) no se puede entender la economía sin conocimiento de su historia. Y, sin embargo, por razones nada difíciles de averiguar, la historia del pensamiento económico (y la historia de la economía) nunca ha sido un campo popular de estudio (cfr. Galbraith, 1991, p. 13) pese a que allí se encuentran autores de gran mérito académico y todos los economistas tienen un adeudo (directo o indirecto) con sus autores.

Ahora bien, antes de diferenciar la historia de la economía de la historia del pensamiento económico, ha de especificarse qué es lo que se entiende por “historia”. De acuerdo con Mises (2015): “La historia estudia la acción humana, es decir, las acciones ejecutadas por individuos y por grupos de individuos. Describe las condiciones bajo las cuales las personas vivieron y la manera en que reaccionaron a esas condiciones. Su tema son los juicios de valor y las finalidades que los hombres han perseguido guiados por esos juicios de valor, los medios a los cuales han recurrido para alcanzar para alcanzar las finalidades perseguidas y el resultado de sus acciones. La historia estudia las reacciones conscientes del hombre a las condiciones de su medio, tanto natural como social, determinado por las acciones de generaciones anteriores, así como por las acciones de sus contemporáneos” (p. 57). Esto nos conduce indudablemente a examinar la función que cumple la historia en la economía.

En efecto, el análisis de los múltiples acontecimientos referentes a la acción humana constituye el objeto de la historia, siendo así esta una imagen sintetizada de otros tiempos, formulada en términos ideales. Dado esto, la historia de la economía es como un reflejo del mundo en el que se han desarrollado ideas económicas específicas (cfr. Galbraith, 1991, p. 15). Por tanto, dentro de ese marco, la historia -entendida como el entorno del desarrollo social y económico del hombre actuante- está atada a la evolución de las ideas de acuerdo a su contexto.

Dado esto, resulta pertinente examinar la cuestión a la luz de la distinción entre enfoque relativista enfoque absolutista en la historia del pensamiento económico.

Respecto del primer enfoque, escriben Landreth y Colander (2006): “A los historiadores relativistas les interesan las fuerzas históricas, económicas, sociológicas y políticas que llevaron a los hombres (…) a examinar ciertas cuestiones económicas y el modo en que estas fuerzas determinaron el contenido de la teoría emergente” (p. 4). Es decir, el historiador relativista considera todas las teorías a la luz de su propio contexto en el pasado a partir del cual se puede aprender para el futuro. Bien dicen que en tiempos difíciles hay que agarrarse a las raíces. Un claro ejemplo de esto es que cuando sucedió la crisis financiera de 2008 se comenzó a tomar en cuenta a autores con enfoque relativista como Minsky (2008), quien sostenía que el mercado financiero es inherentemente inestable y propenso a crisis, o Shiller (2003), quien, atendiendo a los factores que generan una “exuberancia irracional” ante el aumento de un activo, vio venir la crisis gracias a sus estudios sobre las burbujas económicas a través de la historia. Y también puede mencionarse al prominente crítico a la economía ortodoxa, Steve Keen, que con sus estudios desde una perspectiva amplia pudo también predecir la crisis. Estos economistas fueron objetos de burlas y hasta ridiculizados. Sin embargo, cuando estalló la burbuja, muchos lamentaron el haber ignorado contribuciones y advertencias como las de ellos.

En lo que se refiere al otro enfoque, Landreth y Colander (2006) apuntan: “Los historiadores absolutistas ponen el acento en las fuerzas internas, como la creciente profesionalización de la economía, para explicar el desarrollo de la teoría económica. Los absolutistas sostienen que el progreso de la teoría no refleja meramente las circunstancias históricas, sino que depende del descubrimiento y la explicación de problemas o paradojas sin resolver por parte de profesionales formados que reaccionan a los avances intelectuales que surgen en el seno de la profesión. Según este enfoque, es posible ordenar las teorías en términos absolutos según su valor; lo más probable es que la teoría más reciente contenga menos errores y se aproxime más a la verdad que las teorías anteriores” (p. 4). Tal parece que este es el enfoque que los economistas ortodoxos han hecho prevalecer hasta nuestros días. Por ejemplo, Samuelson (1977) afirmó que “dentro de todo economista clásico hay un economista moderno tratando de salir”, entendiendo como “economista moderno” a aquel que para sus contribuciones utiliza exclusivamente la modelización y la formalización matemática. Y a paso siguiente afirma que “con un truco de manos, uno puede extraer de Adam Smith un modelo valioso”.

Y el caso de Samuelson, como economista ortodoxo por excelencia, resulta especialmente revelador pues, sin negar que hizo importantes aportes a nuestra ciencia, debemos recordar que también optó por “hacerse el ciego” ante las sólidas críticas de Joan Robinson sobre la heterogeneidad del capital y hasta desdeñó a los economistas focalizados en la historia del pensamiento económico como una especie de incapaces. En efecto, “Samuelson llegó incluso a afirmar en 1954 que los economistas incapaces de seguir la revolución matemática después de la Segunda Guerra Mundial, son los que se refugian en la historia del pensamiento económico” (Ravier, 2012). Pues bien, ese fetichismo por la matematización ha contribuido no solo a las crisis de las economías (países) sino también de la propia teoría económica que él defendió. Baste mencionar al respecto que su colega George Stigler puso en jaque su propio trabajo poniendo en cuestión la curva de oferta ascendente.

Temas como las crisis, el dinero, la inflación, el rol del empresario, el cálculo económico, la controversia del capital, la teoría del valor, los ciclos económicos, la estructura de la producción, entre otros, ya fueron profundamente estudiados por diversos pensadores en épocas precedentes. En ese contexto, es bueno conocer qué ideas prevalecieron, qué ideas llevaron a daños sin precedentes, qué ideas trajeron prosperidad, pero, sobre todo, qué ideas siguen vivas actualmente entre nosotros y de qué manera están influyendo en la teoría económica y en nuestras vidas.

Hoy tenemos que repensar cada acontecimiento económico. Puede que el avance de la economía haga venerar lo matemático, cayéndose así en una necedad de “pretensión del conocimiento” (Hayek, 1989). Pero es hora de que no solo se siga un lineamento de estudio y que la teoría económica esté íntimamente relacionada con la historia de la economía y la historia del pensamiento económico, ya que cada proceso evolutivo, social o económico, ha sido causado por un sinnúmero de ideas, siendo que varias de ellas, aunque están plenamente vigentes, al mismo tiempo están siendo olvidadas.

Valorar y meditar la historia de la economía y el pensamiento económico nos permitirá tener una perspectiva diferente frente a cada hecho. Y tener una perspectiva amplia sobre ello es de suma importancia pues no debemos olvidar que, como remarca Urbina (2015), “la economía es un campo donde la ´buenas´ o ´malas´ teorías pueden tener efectos muy grandes en la realidad, y que van desde los más maravillosos hasta los más devastadores” (p. 11). Así que debemos mirar a la teoría económica en retrospección (Blaug, 1997), con ese escepticismo que hoy se tiene dada la crisis teórica. Quizás aún encontremos recetas que no se ha tomado en cuenta. O quizá tan solo optaremos por cegarnos ante una teoría que parte de una hoja en blanco y desdeñaremos lo demás. Las controversias entre autores no deberían hacernos caer en la ofuscación sino más bien darnos luces. Y si caemos en la ofuscación, pues es hora de que la humildad y el estudio riguroso del pasado nos guíe por un camino distinto al de hoy.

Referencias:

BlaugM. (1997). Economic Theory in Retrospect. Cambridge: Cambridge University Press.

Galbraith, J. K. (1991). Historia de la Economía. Barcelona: Ariel.

Hayek, F. A. (1989). The pretence of knowledge. The American Economic Review79(6), 3-7.

Landreth, H. & Colander, D. (2006). Historia del Pensamiento Económico. Madrid: McGraw-Hill.

Mises, L. (2015). La Acción Humana: Tratado de Economía. Madrid: Unión Editorial.

Minsky, H. (2008). Stabilizing An Unstable Economy. New York: McGraw-Hill.

Samuelson, P. A. (1977). A modern theorist's vindication of Adam Smith. The American Economic Review, 67(1), 42-49.

Ravier, A. (2012). La historia del pensamiento en la educación del economista. En: Ravier, A. (ed.). Lecturas de Historia del Pensamiento Económico. Madrid: Unión Editorial.

Shiller, R. (2003). Exuberancia Irracional. México: Océano.

Urbina, D. A. (2015). Economía para Herejes: Desnudando los Mitos de la Economía Ortodoxa. Charleston: CreateSpace.

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